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Los que crecimos con un libro en la mano, y sin computadoras, creíamos que el futuro sería otro. Crecimos esperando el año 2000 con una mezcla de miedo y curiosidad, aunque nacimos al borde de ese futuro. Pero, ¿cómo sería el futuro?, ¿será una aventura de ciencia ficción como las que soñamos?, ¿Cuándo es que empieza ese futuro?, ¿o es esto, lo que estamos viviendo, lo que el tiempo nos tenía reservado?

 

Por Jaime García.

 

La literatura de ciencia ficción nos había hecho creer que un día viviríamos un éxodo masivo de un planeta a otro. Como en las páginas que escribieron nuestros autores favoritos, que un día en la noche nos dormiríamos (o nos quedaríamos insomnes) pensando en que esa noche sería la última que pasaríamos en la tierra, que al otro día por la mañana subiríamos nuestro equipaje a un cohete, o lo que nos permitieran transportar, e iríamos a vivir el resto del futuro a Marte.

En el año 16 del siglo 21 los únicos éxodos masivos que hemos visto son los que inundan las noticias, con familias completas huyendo de un continente a otro, dejando atrás sus casas no por un mejor futuro, sino con la esperanza de tener uno, el que sea, pero se han hundido no en el espacio, sino en el mar. Ya no miramos al cielo, el espacio no es una opción, y en la tierra aún nos dibujan líneas sobre el mapa que nos detienen los pasos cuando queremos avanzar.

Este no es el futuro que soñamos, pero es el que nos tocará atravesar. Que sepamos, aún no hemos estrechado la mano de un extraterrestre, los autos siguen sin volar, aunque lo necesitamos con urgencia, porque en las ciudades viajamos en trenes a punto de explotar.

Los titulares de los periódicos ya no nos contarán de una conquista espacial, pero quizás nos enteremos por twitter, porque los científicos no se atreverían a hacer un anuncio de tal envergadura, ya que podrían arruinar la transmisión televisiva de una celebración futbolística. Pero el mundo sigue girando por debajo de todo lo que nos cubre los ojos.

Las capitales del planeta están tristemente alertas, pero de nosotros mismos. En menos de un año hemos visto tragedias en París, en Oriente, en Orlando y las que pasan a diario en nuestro México, y lo único que hacemos es ponerle una bandera a nuestro perfil de Facebook, para que nuestros contactos se enteren que nos importa, aunque sea un poco. Todo eso es el futuro espantoso para el que la ciencia ficción no nos preparó.

El libro se cierra, y ya no somos niños soñando con el espacio, hoy somos adultos y sabemos que el cielo aún es una inmensidad indescifrable.

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