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El debate sobre la tradición poética impresa, versus la de los actuales soportes digitales (entre ellos los poetas youtubers) se ha manifestado como el más fresco de estos días. Una controversia que podríamos acusar de celosa, envidiosa y con olor a encierro, pero que un poco debe tener de cierto.

Por Jaime García.

Desde las últimas dos décadas del siglo que pasó en la literatura se han marcado divisiones imaginarias entre los escritores publicados y los que no, los que fueron fichados por una editorial multinacional versus los auto editados o independientes, segregaciones que, a la larga, sólo importan a los escritores involucrados. Esa discusión ahora está obsoleta, y frente a la proliferación de figuras recientes descubiertas a través de las llamadas ‘redes sociales’, el debate parece ser otro; es sobre la poesía más inmediata y urgente que antes de plasmarse en un libro, grita desde cualquier ventana que le ofrezca Internet.

En una época en que los libros viven menos, y están siempre amenazados por los tablets, la poesía es siempre ha encontrado formas de salir a mostrarse, como un río que se impone a la construcción de ciudades sobre sus cauces.

Pero, en plena era digital, ¿es coherente intentar invalidar la poesía que se vale de un soporte electrónico o audiovisual?. Quizás no, pero los más estrictos han puesto el grito en el cielo. La Revista española Oculta, acaba de publicar un artículo que habla sobre la poesía de youtubers que llegan a ser firmados por grandes editoriales, con un trabajo “adolescente, sentimental y fundamentalmente amateur”. Poetas apuntados con el dedo por llegar más rápido a la gente, o al escritorio de una editorial gracias a su buen manejo de las herramientas modernas, pero con una cuestionable calidad literaria.

Algo de razón pueden tener, pero no son todos. Cierto es que gracias a estas herramientas actuales hemos podido conocer trabajos brillantes que, de otro modo, habrían transitado por caminos eternos para llegar a una editorial, con el riesgo de perderse en la ruta. A mi parecer, como en todo, en la poesía hay de todo, y el sello de una editorial en tu libro ya no significa garantía sobre la calidad de un texto.

Voy a escribir sobre algunos trabajos destacados que han usado estos soportes modernos, y que suerte para nosotros que lo hayan hecho.

En 2013, el norteamericano Neil Hilborn con su fundamental poema OCD (siglas en inglés para Trastorno Obsesivo Compulsivo), se convirtió en un fenómeno viral que lo convirtió en un nombre reconocible, y en un poeta en gira como principal ocupación. Gracias a You Tube viaja por encuentros literarios mostrando sus dos libros a la fecha, y donde el público espera que repita su OCD con la misma emoción incontenible que le vimos por vez primera en redes. Pero Hilborn no es una casualidad de Internet, sino un poeta graduado con honores de Macalester College con mención en Escritura Creativa.

 

También está la video poesía, donde el talento de un buen realizador de la mano de un texto escogido puede desembocar en una buena pieza de video arte, como el trabajo del colectivo Motion Poems.

 

 

Uno de los casos cercanos a Lodelavoz fue el recién estrenado “Geografía en Llamas” del chileno Mauricio Riveros, un corto de 11 minutos, que desde lo emocional funciona como cata a la intensidad y el homoerotismo del libro original. Por su oficio audio visual el realizador tiene sus códigos claros; guiños a Derek Jarman, Gus Van Sant, y, claro, también se trata de un autor que es además un respetado músico, con una discografía donde la poesía ha sido elemento primordial.

 

 

Acá en México están más vivos que nunca los colectivos de poetas veinteañeros que idean sus propios soportes para difundir, más allá de la ambición de posicionar su nombre o llegar a una editorial. En la CDMX pueden verse en la Santa María de La Ribera sobre triciclos recitando sus textos, o regalándoselos a la gente como una manera de acercarlos a la poesía. ¿Debemos estar celosos ante su creatividad y originalidad de difundir sus trabajos? A mí me parece que no.

La creatividad es prima hermana de la adversidad, y es allí donde los escritores van viendo cómo es que llega a su público. El debate sigue abierto.

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