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plagios

Cuando nos enfrentamos a un texto, a estas alturas, difícil es exigir absoluta originalidad, pero sí, siempre se debe de pedir un mínimo de esfuerzo. Plagiadores los ha habido desde siempre en las artes, con un efecto menos expansivo, pero el problema hoy por hoy parece ser que quien se acusa de plagio es el mismo que se nos ha puesto en frente.

 

Por Jaime García.

 

Aunque nos gustaría, esto no será un análisis profundo y político como lo que hace Aristegui, o tan bien le quedaría a Horizontal. Aquí hablaremos del plagio a grandes rasgos, para no entrar en un laberinto que desoriente a nuestros lectores.

 

Mucho, y no tanto, se está hablando por estos días, sobre el supuesto plagio realizado por el presidente de México en la tesis que le permitió titularse como abogado hace 25 años. Los cuestionamientos han venido con fuerza desde el periodismo serio, sin embargo, para el mexicano común y corriente, esto no parece algo tan grave (como lo sí lo sería Ayotzinapa, o el escándalo de La Casa Blanca).

 

Pero el plagio no es algo que inventó Peña, pues ha existido desde siempre como una salida rápida para quién, sin escrúpulos, firma como propia la idea de otro, consecuencia sin remedio de una mente mediocre, envidiosa e incapaz de brillar con luz propia.

 

En la literatura se ha acusado de plagio a cientos de escritores, algunos de ellos, contemporáneos serían Alfredo Brye Echenique, José Saramago o Carlos Fuentes, todos de ellos envueltos en polémicas y con consecuencias para sus carreras, pues se les comprobó que copiaron de reportajes, u de otras novelas, personajes, situaciones o dramas.

 

En la literatura el plagio está a escasos pasos del homenaje, o de la hipertextualidad, desde donde se puede derivar a una idea distinta. En la política es más complicado, pues implica juramentos y las bases propias del Derecho. Pero para muchos mexicanos, el caso sobre el plagio de la tesis del Presidente no les sorprende, y por lo mismo les parece hasta gracioso, pues no esperaban, de quien no recuerda haber leído tres libros, una tesis brillante, basada en el estudio y la investigación propia.

 

Pero esto no es entretenimiento, no hablamos de Bellas Artes, no es Salieri copiando av Mozart, es un estudiante queriendo salir pronto del conducto regular, para convertirse en un abogado. Lo serio está en que los abogados están para defender el Derecho, y para convertirse en ello hacen un juramento, y más serio es que ese estudiante de los 90’s hoy es quien gobierna México con bajísima aprobación. Pero eso sigue siendo harina de un costal más grande.

 

También está el punto de cuántos mexicanos, de los que han tenido acceso a educación universitaria, han reconocido plagiar, haciendo de esta práctica una constante que no les parece debería ser cuestionada. Pero el tema no es para minimizar, considerando que existe una persecución constante a los maestros y la evaluación promovida por quién ha quedado en evidencia en el reportaje de Aristegui.

 

El gobierno ha intentado bajarle el perfil, y a Peña parece no preocuparle, pues quizás sólo sea una raya más para el animal print de tigre de su pijama, y no sería de extrañar que en un año más pida disculpas, como lo que pasó con La Casa.

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