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Hoy la noticia de la muerte de Philip Seymour Hoffman, corrió rápido por todas las redes. En Twitter fue trendin topic en varios países, y muchos se apresuraron a declararlo su actor favorito, acompañado de una foto y una frase que manifestaba su inmensa e incontenible pena.

Seymour, que había ganado el Oscar por su interpretación brillante de Truman Capote en “Capote”, había realizado más de una treintena de films que quizás recuerden los más expertos, pero honestamente muchos recordaban sólo algunos de sus roles secundarios (Boogie Nights, Almoust Famous), como si nuestros recuerdos sobre el estuvieran en los pasillos menos iluminados de un viejo video club, y ahora al morir ganó millones de fanáticos instantáneos.

Pero la muerte está entre nosotros a diario, en las portadas de los periódicos mexicanos, en las imágenes de los conflictos de medio oriente, donde las víctimas son muchas veces miles de inocentes niños, y en tantos lugares más. Lamentablemente, esa muerte no es la que vende, ni la que parece interesar. Quizás sea porque esos mundos son a los que no queremos pertenecer, y sean más atractivos los de Holywood, llorar a un actor que probablemente nunca sabría nuestro nombre ni nos estrecharía la mano.

Y se habla también de la “pérdida”, de que era tan joven, como si no fuera lógico que alguien que se entierra jeringas en el brazo pueda terminar así, y decirlo crudamente no es juzgar, es ver la realidad sin filtro. Todas esas muertes que transforman en íconos y en posters monocromáticos a algunos de sus rostros, se ven venir, pero claro, tampoco les prestamos atención mientras estén haciendo lo suyo: actuando, o cantando.

Y así es como hemos dejado morir a Monroe, a Elvis, o a Kurt Cobain. Todos esos finales trágicos se veían venir, todos estaban pidiendo ayuda, pero nadie movió un solo dedo. El culto sobre la muerte de celebridades tiene su precio, y su comportamiento posterior es predecible y lógico. Muere alguien que buscó su propia muerte y todos lo lamentan, como una carroza fúnebre que se ve venir de lejos, pero nadie le dice que pase por otra parte.

Hoy todos fan de Seyomur, todos lo transforman en su actor favorito, mientras los que no buscan la muerte y que la encuentran porque son niños, porque son pobres, porque están desprotegidos o por qué a los gobiernos de sus países no les importa, no nos impacta ni por un segundo, eso nunca será tendencia en Twitter.

La muerte en las redes pide su triste cuota de glamour, aunque sea de pasada y al otro día ya no lo recordemos. Triste, pero es así; Llorar por una celebridad sigue estando mas de moda que prestar atención a lo que pasa en nuestra propia realidad.

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